
Contexto socioeconómico
02/2010
De 2005 a 2007 el crecimiento económico fue muy débil, socavado por la inseguridad y la inestabilidad política. El asesinato del Primer Ministro Rafic Hariri en 2005 y la guerra con Israel en 2006 agravaron las tensiones entre comunidades y provocaron una parálisis institucional que impidió cualquier reforma y retrasó la implementación de los 7,6 mil millones de dólares de ayuda internacional prometidos en la Conferencia de París de enero de 2007. En mayo de 2008, los Acuerdos de Doha allanaron el camino para que las instituciones empezaran a funcionar normalmente de nuevo y para que mejorara la perspectiva económica. Permitió la elección de un presidente de consenso, Michel Suleiman, y la formación de un gobierno de unidad nacional. Pero la situación política ha seguido siendo inestable.
Aunque en abril y mayo de 2008 se vio interrumpida por un resurgimiento de las tensiones, según la mejor información disponible la economía dio signos de una marcada recuperación evidenciada por el aumento de las licencias de construcción, el transporte marítimo y el tráfico de pasajeros en el aeropuerto de Beirut. Sin embargo, el aumento de los precios de las materias primas y los alimentos, junto con el rebote de la demanda doméstica, provocaron un aumento de las presiones inflacionarias y la ampliación de la balanza comercial. Una tendencia favorable de los servicios permitió limitar la ampliación de un déficit de cuentas corrientes. Tras cinco años de indecisión, la confianza renovada de los inversores y los depositantes, estimulada por los Acuerdos de Doha, facilitó las cosas a la hora de cubrir las necesidades de financiación externa y conseguir un aumento considerable de las reservas de divisas.
En 2009 se volverá a poner a prueba el crecimiento y las cuentas externas. La ralentización de la economía mundial, y especialmente en las monarquías del Golfo, podría afectar el crecimiento del Líbano y las cuentas externas provocando reducciones en los envíos de dinero de los trabajadores expatriados, los beneficios del turismo y las inversiones extranjeras. Las elecciones parlamentarias previstas para mayo de 2009 también podrían agudizar las tensiones políticas, con lo que se debilitaría la economía y la confianza de los depositantes y los países donantes. En este caso, cubrir las necesidades de financiación externa podría plantear problemas.
El gasto relacionado con el servicio de la deuda, que absorbe la mitad de los ingresos fiscales del país, ha sido la causa principal de que el déficit fiscal siga siendo excesivo. Los bancos son el activo principal del Líbano: están bien capitalizados, tienen liquidez y beneficios, y han evitado la exposición a productos financieros estructurados. Pero dado que proporcionan una elevada proporción de las necesidades financieras del país, están expuestos al riesgo soberano y son vulnerables a una fuerte retirada de los depósitos como consecuencia de la ralentización de la economía mundial y de las economías petrolíferas del Golfo en particular.
La inseguridad (y el déficit de las infraestructuras, un fuerte tributo a pagar por la sucesión de conflictos políticos) y la burocracia que retrasa los procesos de decisión (atribuible a las divisiones políticas) hacen mella en al clima empresarial. Pero el comportamiento de pago corporativo se ha mantenido en buen estado a pesar del difícil contexto.
fuente: Coface
